El concepto de turismo ha variado mucho. En el pasado la palabra turista se asociaba principalmente con términos como aventura, acción, fiesta, algarabía, riesgo, adrenalina. En la actualidad, también se empieza a escuchar sobre una una corriente novedosa: El turismo de rélax.

Es que no son pocas las personas que buscan zafarse de la agitación, la ansiedad y el enfermizo estrés de las ciudades. Cientos de ciudadanos huyen de los centros urbanos en cada asueto para refugiarse en ambientes que les devuelvan la tan añorada tranquilidad perdida.

El ritmo vertiginoso de la urbe, el tráfico interminable, el sonido de las bocinas, la contaminación atmosférica, las cuentas por pagar, y todo eso que los habitantes urbanos conocen de memoria, son motivos de sobra para ponerle los nervios de punta a cualquiera.

Balnearios, montañas, viñedos, valles y bosques. La belleza y variedad de sus espacios geográficos son la mayor riqueza de Chile después de su gente. Los chilenos lo saben, por ello han desarrollado y proyectado su industria turística con un abanico de opciones que contempla también, esta forma de recogimiento, serenidad y autoconocimiento.

En tal sentido, la gran mayoría de los Parques Nacionales, playas, aguas termales y demás atracciones naturales, tienen alternativas de conexión con el ser que no sólo exploran la relajación física a través de la manipulación terapéutica del cuerpo, sino que además, propician el andar introspectivo para el autodescubrimiento de potencialidades personales.

Ahora los viajes no se hacen para enfrentar al exterior, el recorrido más desafiante y enriquecedor se realiza con los ojos cerrados, en pleno silencio y hacia adentro de la mano de expertos en el arte de mirar hacia lo interno y meditar.

Al experimentar estas vacaciones de recogimiento, se emprende el retorno con nuevas herramientas espirituales que permiten enfrentar las dificultades con mayor aplomo y serenidad.