Un día cualquiera en la ciudad de Santiago, Chile la gerente de una prestigiosa empresa decide que

es un buen momento para refrescarse el look y hace una cita en su salón de belleza a través de su

celular usando una App y ¡Listo! En segundos ya ha elegido el día, la hora, el servicio a realizarse y el estilista que le brindará la atención.

Ya con el tiempo apartado, la gerente se dispone a disfrutar lo que será un espacio de relax y cuidado a su imagen personal. Sabe que al salir de allí se sentirá renovada y en su entorno, este cambio, le traerá buenos dividendos sociales que se traducirán en elogios y aceptación por parte de sus colegas, jefes y clientes.

Y es que la belleza, a pesar de encontrarse, como reza el dicho popular, “En los ojos de quién la mira”, es sin duda alguna, una poderosa llave que abre innumerables puertas. Los seres humanos somos visuales. Todo nos entra por los ojos y en consecuencia, se activan o desactivan los prejuicios que llevamos por dentro en función de cómo luzca la persona que tienen delante.

Por eso la ejecutiva llega puntual a su cita, y pone su cabello en manos de ese mago de las tijeras y artista de las tinturas: El estilista y colorista. Este personaje, verdadero cirujano capilar, realiza un diagnóstico pormenorizado de las condiciones en las que está recibiendo la materia (el cabello de la clienta) y lanza una disertación técnica acerca de los pro y los contra de la solicitud de la misma.

Luego de aconsejarle lo que más conviene a su tipo de rostro, edad y estilo, la clienta termina aceptando sus recomendaciones con toda la confianza. Y ésta es la palabra clave. Todo salón de belleza, todo peluquero, debe apuntar a ganar esta joya preciosa que le garantizará la fidelidad de su clientela.