Luego de una agotadora jornada de trabajo (tanto mental como físico), lo más anhelado es el momento de reposo. El cuerpo lo exige porque es una necesidad como comer y respirar. De

la misma manera, cada organismo precisa de un tiempo para reponer energías y regenerar tejidos.

Una de las maneras más sencillas de descansar es volver a casa y tomar una siesta, o acostarse temprano para garantizar unas 8 horas de sueño reparador. Así se amanece como nuevo. Pero si se trata de un agotamiento producto de una intensa rutina laboral o estudiantil, se requiere algo más que dormir para poder renovar fuerzas. Es menester un cambio de rutina, mover el cuerpo,

respirar nuevos aires, ver paisajes hermosos y desconocidos.

Chile ofrece numerosas opciones que propician el relax y recogimiento para recobrar el equilibrio perdido debido al caos cotidiano de la ciudad. Una opción económica y de aventura son los campamentos. Pernoctar en contacto directo con la naturaleza genera una sensación de paz y conexión con lo primigenio, sin comparación.

Los parques nacionales chilenos brindan esta oportunidad con la ventaja de estar en un espacio de bosque resguardado y seguro, con las instalaciones básicas para desconectarse de la ciudad sin perder las comodidades de la civilización (tomas eléctricas y de agua, sanitarios y estructuras rústicas para cocinar y compartir un buen trozo de carne a la parrilla). Al sur, en Curicó, se encuentra el Parque Nacional Radal Siete Tazas, y otra opción, es el Parque Nacional Torres del Paine.

Pero si lo que se busca es ambiente playero, la opción más al centro es el Campamento Olas de Matanzas, que además, cuenta con duchas de agua caliente y hasta servicio de Wifi. En la misma onda marina, en La Ligua, se encuentra el campamento Chivato de los Molles, que es perfecto para llevar a toda la familia y atesorar momentos memorables.